669676665 gmolino@gmail.com

En el suplemento de Economía y Negocios del Heraldo de Aragón de ayer 28 de agosto, aparece un artículo firmado por Carlos Founaud, en el que destaca que el culto a la tecnología ha generado ídolos con pies de barro, dentro del mundo de la dirección de empresas.

Comenta que confiamos demasiado en las aplicaciones informáticas y dejamos de lado la intuición, y que nos asentamos en lo que estas herramientas nos dicen, sin hacer caso a lo que el sentido común nos dice a veces.

Para apoyar su punto de vista da como ejemplos que muchas empresas están desarrollando sistemas de selección de personal sin tener en cuenta el uso de las nuevas tecnologías, y que recurren a pruebas donde el candidato debe solucionar un problema o dar una solución basándose en sus propias iniciativas.

Algunos de sus planteamientos me parecen correctos, es cierto que cada dia dependemos mas de estas maquinitas, pero es (a mi modo de ver) el mercado actual el que hace que nos movamos de estas maneras.
Comparto su planteamiento en que muchas empresas se están basando mas en el dominio de Internet, ofimática, programación, etc mas que en la experiencia en otros aspectos que hasta hace unos años podían decantar un candidato por otro.

Hace mucho que no hago una prueba de selección, pero tal vez sería hora de rescatar esas pruebas de ingenio que sirven para saber como se desenvuelve un futuro empleado.

Un profesor mio, de hace muchos años, decía que era capaz de detectar la valía de un candidato (independientemente del puesto al que optase), por detalles que no tenían que ver con los aspectos técnicos. Desde la manera de dar la mano, a como sentarse, o la forma de reaccionar por determinadas preguntas. Nos hizo alguna demostración, y realmente lo hacía bien.

Ahora nos dejamos llevar por lo que pone en los papeles, y de poco me puede servir un candidato que domine Office (por poner un ejemplo), si luego no es capaz de redactar un informe.