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De todos es sabido que la gente es muy reaccia a realizar compras por Internet por aquello de dar los datos, y que sean susceptibles de ser “escuchados” por alguien. También es verdad que es cada vez menor ese miedo, pero todavía tenemos un largo trecho por recorrer.

A raiz de este tema voy a contar un caso que me ocurrió este pasado domingo en un comercio de Zaragoza, mas concretamente una floristería. Acudí a la tienda y en la misma había 4 personas delante de mi, la señora encargada de la tienda estaba atendiendo un pedido por teléfono. Yo era la persona mas alejada de la caja, pero escuchaba perfectamente a la señora hablar, mas o menos vino a decir esto:
-Si claro, no se preocupe que tendrá las flores a la hora que me ha dicho
-…
-Si, puede pagar con la tarjeta de crédito, dígame los números
(a partir de aqui, fue “cantando” todos y cada uno de los números que desde el otro lado le dictaban. Los repetía en grupos de 2, y al final, por si había quedado alguna duda, los repitió enteritos). También le preguntó por la fecha de caducidad, y la dijo. Pero lo mejor estaba por llegar.
-Ahora dígame los números de control que tiene su tarjeta detrás, son 3, y están en la banda blanca…
-…
Y por supuesto los dijo en voz alta, para que todos lo oyésemos bien.

Cualquiera de los 4 que estábamos allí pudimos apuntar esos números, y habernos comprado cualquier cosa por Internet, y como ahora no es delito, no podrían hacernos nada.

Desde luego se me quitaron las ganas de comprar en esa tienda por teléfono, y dudo que lo haga en otra que me pida los datos así. Estuve a punto de decirle a la señora el (grave) error que había cometido, pero al final no lo hice. Con casos como éste, quien teme a los cibercacos.