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Esto que pienso contar se escapa de la temática de este blog, pero es un caso especial, y me veo en la obligación de contarlo. En parte por aquello de “Es de bien nacidos el ser agradecidos”.

Ayer tuve la mala suerte de tener un pequeño accidente con mi moto. El asfalto mojado, las señales del suelo, y un frenazo a destiempo fueron los componentes de un cóctel que hizo que mis huesos acabaran rodando por el suelo, y acabar bajo la trasera de un camión, que afortunadamente estaba parado.

El caso es que inmediatamente recibí la atención y la ayuda de varias personas que vieron el percance. Debido a mi conmoción no estoy seguro de haberles agradecido su ayuda. Fueron los ocupantes del camión y algún otro que estaba por allí. Asimismo el personal de SALUD, tanto en el lugar del accidente, como posteriormente en el hospital, me atendieron correctamente.

Desde aqui, quiero agradecérselo. No creo que se encuentren entre mis lectores habituales (sería mucha casualidad), pero no tengo otro medio a mi alcance en este momento.

Por mi parte, no ha sido nada grave, tengo recuerdos del momento en forma de hematomas, hinchazones, dolores musculares, etc. Y es que los cuerpos a partir de ciertas edades nos recuerdan que hay que tratarlos con mimo.