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Como no hay manera de luchar contra lo imposible, me limité a pedirle [a su sobrina] que me mostrara esta gigantesca telaraña. Y así fue cómo, durante cuatro horas, me metí en la piel de un “pirata” de mí mismo. (…) En la época en la que ni siquiera existían leyes sobre el asunto, los bytes se intercambiaban con total libertad. Cuando finalmente la industria del entretenimiento supo de esto y se dio inicio a la represión, los jóvenes internautas se mantuvieron siempre un paso por delante. Así hasta hoy. (…) mi sobrina me mostró que sólo en una de las muchas zonas de “Peer 2 Peer”, se pueden encontrar 325 obras mías, en diversas lenguas, grabadas en centenas o millares de ordenadores. Tengo que confesar que me sentí muy honrado con el descubrimiento: era la prueba de que los lectores son realmente la pieza clave en la divulgación de un trabajo.

Lo cuenta aqui. No he leido nada de este señor, pero su última frase se merece mi  respeto.