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A raiz de un comentario de Alex en Twitter el otro día, me acordé de esta anécdota que ocurrió en la empresa en la que yo trabajaba cuando pasamos de 1999 al año 2000.
Tenía un jefe que era bastante peculiar, no diré su nombre, ni la empresa, no me parece oportuno.

Para “paliar” el efecto 2000, nos hizo apagar todos los ordenadores, incluidos servidores la noche del 31, para que no hubiese problemas, y encenderlos poco a poco el primer día del año que entramos a trabajar.
A las pocas semanas nos cambiamos de oficinas, y como era un defensor a ultranza de temas como el Fen Shui, las cartas astrales, y era un apasionado de los números, nos hizo colocarnos en determinadas posiciones dentro de la oficina, sin atender al departamento en el que estuvieramos, simplemente dependiendo de quien nos “convenia” mas tener a derecha e izquierda.
Lo mismo pasaba con las IP asignadas a cada uno de nosotros. Es decir, nos ponía el número de IP dependiendo de unos datos que sacaba de estudiar nuestra ficha (fecha de nacimiento, ascendentes astrales, etc). Eso provocaba unos auténticos lios de direcciones IP.
Pero no era lo único, si además el que tenías a tu derecha, por ejemplo, se iba de la empresa, eso suponía que había que reubicar a media empresa, y por supuesto, cambiar la IP de casi todos, para que todo estuviese de nuevo “en armonía”.

También tenía en cuenta la orientación, a unos nos correspondía estar orientados al norte, otros al sur, y asi sucesivamente.
Yo estuve solo un año en esa empresa, y al poco tiempo tuvo que cerrar, hubo mucha gente que se fue en un breve espacio de tiempo, y los negocios no salieron como estaba previsto. Pero, al menos, el tiempo que estuve, era bastante entretenido. Nunca sabías a que sitio ibas a ir a parar, ni que IP te iba a corresponder al finalizar el día, etc.
Una fiesta, vamos.