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He pasado varias noches de acompañante en un hospital y me ha dado para tener unas cuantas cosas claras.

1.-Podría hacer un estudio sobre “la comodidad de las sillas de acompañantes y las madre que las parió”. ¿Quien compra esas sillas o sillones destinados a que los familiares pasen la noche acompañando a un enfermo?. Desde luego, nadie que las ha probado una noche entera. No hay forma de conseguir una postura cómoda. No ya para dormir, que es tarea imposible, es que ni tan siquiera para amodorrarte un poco. Cuando no es el asiento es el brazo que se te clava en el costado, o es la cabecera que ha perdido (si es que alguna vez lo tuvo) el acolchado necesario para que la  cabeza descanse.
Cuando a la mañana apareces a tomar un café de la máquina junto al control, te dan ganas de decirles: “podéis apuntarme un punto, he conseguido pasar la noche sin romperme un solo hueso”
2.-Me he percatado también de que parece que tengan unas cámaras colocadas en las habitaciones y que vigilen desde el control de la planta, para que justo en el instante que te relajas un poco y cierras los ojos, aparezca una enfermera a cambiar el gotero, la sonda, o a tomar la temperatura. No falla, sea la hora que sea.
3.-Que a veces los cambios de turno de las enfermeras dan lugar a situaciones ridículos:
-Mire, que vengo a avisarle que el paciente de la 33 ya ha orinado sin la sonda
-Muy bien, y ¿ha guardado una muestra?
-Eh!, no, su compañera solo me dijo que le avisase.
-Ya pero eso era del otro turno, ahora necesito una muestra
-Pues tendrá que ser dentro de un par de horas, como pronto

4.-Y no menos importante, la labor de toda esa gente que trabaja allí y está pendiente de ti las 24 horas del día, es encomiable. No sabemos lo necesarios que son, hasta que se les necesita. En mi caso el trato y la atención han sido exquisitos. Mil gracias.