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Me llega por correo:
“Yo creo la Sociedad General de Fabricantes de Mesas.

Yo fabrico una mesa a Victor Manuel, él va, me la paga y se la lleva a su casa. Un día invita a comer a sus amigos para hacerse una cena con jabugo, ostras, caviar de Beluga y otras delicatessen propias de un currante como él.
Pues bueno, ¿cómo es que sus amigos están comiendo en MI mesa, disfrutando de ella Y NO ME ESTÁN PAGANDO?.
¿Que ya la pagó en su momento Victor Manuel y él hace lo que quiera con la mesa?. ¡De eso nada!.
Yo se la vendí a ÉL y no al gordo de Echanove que se está poniendo ciego comiendo en mi mesa.
Así que cada vez que alguien coma en una mesa y no sea éste el que la compró me tiene que pagar.
Pero espera, no sólo eso, sino que el que saque beneficio económico de mi trabajo (la puta mesa), lo voy a sangrar.
O sea, todos los restaurantes que me paguen dos mil € al mes por usar mis mesas. ¿Pero por qué restaurantes solo?, TODO EL MUNDO USA MESAS: las oficinas necesitan mesa para trabajar Y GANAN DINERO POR ELLO, los voy a sangrar a todos.
¿Una boda?, que paguen por las mesas, ¿NO PAGAN POR LOS LANGOSTINOS? (Victor Manuel dixit).
Pero claro, hay un problema: yo antes hacía mesas, pero hace años que no hago ni una y nadie usa una mesa mía. Pues no pasa nada, yo cobro por TODAS las mesas. Es más, por todo lo que tenga 4 patas y una tabla encima. Por si acaso, vete a saber si alguna de ellas es mía o de mis amigos de la Asosiación.
Pero da igual si esas mesas son de Ikea, YO las cobro y luego digo que el dinero se lo lleva Ikea.

PD.- Para los maestros: ¡Cobrad cada vez que una persona lea o escriba! ¡Vosotros le enseñasteis!”