669676665 gmolino@gmail.com

Hace unos días, mi buen amigo Pablo hablaba de lo poco educados que somos a veces, y del mal humor que algunos llevan puesto todo el día como una parte mas de su personalidad. Y al hilo de ello, cuento algo que me pasó ayer.

Entré a una tienda de ropa, a comprar. Yo soy de los que en cuanto ve algo que me gusta y vale, no busco mas. Así que en menos de 5 minutos había elegido lo que buscaba. Fui a pagar, y la cajera con un careto largo, mala cara, cara de asco mas bien, me soltó el importe. Le pedí un ticket regalo, y soltó un lacónico, “vaaaaale”. Me ofreció la posibilidad de meter la ropa en una cajita de cartón por el módico precio de 1 euro mas, lo que rechacé con un “no, gracias”, lo envolveré con papel de regalo. Me miró como si la hubiese insultado, me cobró sin decir nada, y allí se quedó con su mal humor, su careto largo y su mala educación.

Era un sábado por la tarde, a lo mejor tenía mejores planes, pero era su cliente, y le dejé un dinero que hasta hacía unos minutos era mio. Y no eran precisamente baratos.

A los 20 minutos acudí a otra tienda a comprar material de papelería, cuando estaba a punto de pagar, me dí cuenta que me faltaba algo, se lo dije a la cajera, por si quería cobrar a otro cliente, pero ella misma salió de su puesto, y buscó lo que yo quería, lo trajo, y me lo cobró todo. En unos pocos segundos, mientras no se iba de su cara una sonrisa, y un canturreo de la canción que sonaba en la radio que tenían puesta en el local. Se le veía contenta, no se si feliz, pero si con ganas de hacer su trabajo correctamente y atendiendo a los clientes como debe ser. El importe de lo que yo compré rondó 1 euro.

Seguía siendo sábado por la tarde, había mejores cosas que hacer que estar trabajando, pero por tener mal careto, malos modales y mala educación, no se iba a pasar antes. Lo siento por la dependienta de la primera tienda. No creo que vuelva a entrar a su tienda. No me gustó como me trataron, sin embargo, volveré mas a gusto y las veces que haga falta a la segunda, puesto que el trato fue exquisito, y hasta contagioso. Y eso vale mucho.

¿Tanto cuesta ser agradable?