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Es un orgullo para mí, ver que dos trabajos literarios de mi hija  Beatriz, han sido reconocidos en poco tiempo. Por un lado ganó el 2º premio literario en el concurso de su colegio, con un relato llamado “La rebelión de las letras”. Por otro, un trabajo para clase, ha sido reconocido y aparece en la web del colegio como destacado, y lo reproduzco aquí:

Desconocido cotidiano

EL ENCUENTRO CON LA SOLEDAD

A veces, cuando voy de camino a casa o voy a dar un paseo, veo a un hombre. Los hombres como él no tienen familia y la calle es su única casa. A los que conocemos vulgarmente con el nombre de “vagabundos”. Son personas que normalmente ignoramos, pensando solamente en nosotros mismos y en nuestra feliz vida, cerrando los ojos ante la cruda realidad.

Pero, ¿qué se esconde tras todas esas viejas ropas? Probablemente una persona, que en sus tiempos fue feliz, que tuvo una familia y por una razón u otra, esta le dio la espalda.

Por las noches, este hombre se va al banco de un parque, pensando por qué la vida le ha jugado tan mala pasada. Duerme con frío, no sólo por las bajas temperaturas, sino por la falta de cariño en su corazón.
Por las mañanas simplemente camina por las calles o se sienta en el gélido suelo con un vaso de cartón que ha conseguido hurgando en la papelera, esperando a que una persona generosa, de las pocas que quedan, le dé un euro y así, con un poco de suerte, poder llevarse a la boca algo de comida.

Después de estar toda la mañana en el suelo, soportando las miradas de desprecio de la gente orgullosa, se va a la sombra de un árbol que hay en el césped de un parque, intentando no pensar en los rugidos del estómago por no comer en todo el día.

Pero lo que más me sorprende de estas personas es que superan todos los obstáculos, sin quejarse, alegrándose por cosas tan pequeñas como una sonrisa. Yo creo que las personas deberíamos aprender de ellos, que luchan por sobrevivir un día más, sabiendo que no van a ser recompensados con nada más que con unos pocos céntimos que se encuentren en el suelo.

Pero nosotros, personas egoístas, nos quejamos por tener oportunidad de aprender y elegir la carrera profesional que más nos interese, nos quejamos de comer una cosa que no nos gusta, sin darnos cuenta de que tenemos algo que muchos no tienen: suerte.

Suerte por tener una familia que nos quiere, suerte por poder aprender, suerte por tener todos los días el plato lleno de comida, suerte por tener alguien con quien compartir nuestras ilusiones, nuestros deseos, suerte por poder reír a carcajadas cuando vemos una película divertida.

¿Por qué no valoramos todo esto e intentamos que personas menos afortunadas tengan las mismas oportunidades?

Y lo peor es que hay miles de personas como él que viven esta situación todos los días, encontrándose con la soledad.

Beatriz del Molino 1ºESO B

Lo dicho, un orgullo